wamphirya

En algun lugar de la noche, la fiera busca su alimento.

Monday, May 29, 2006

al final de la rambla

Adrian caminó por la calle desierta.
El barrio gótico era impresionante a esas horas de la noche, con sus callejas estrechas y sus esquinas obscuras donde se refugian de vez en cuando seres extraños realizando sólo dios sabe que turbios negocios.
Cruzó apresurando el paso, hasta salir a un amplio espacio rodeado de arcos y palmeras. La Plaza Mayor se encontraba abarrotada de gente, turistas, jóvenes juerguistas, yonkis y camellos. Adrian se tranquilizó; por un momento había sentido que lo observaban, pero ahora entre la muchedumbre se sentía seguro.
Salió a la Rambla Mayor, llena de tráfico, artistas callejeros y cafés todavía abiertos a esas horas de la noche. Caminó sin rumbo fijo hasta llegar a una esquina que llamó su atención. Como a unos cincuenta pasos se veía un edificio imponente, de altas torres coronadas con agujas y formas sinuosas. Entró a la callejuela y se aproximó a la construcción "ah, es el Palacio Güell" , pensó, y sin pensarlo siguió andando, alejándose de la Rambla mayor.
En las esquinas había chicas, buscando clientes, pero el pasó de ellas, bueno, esto es, hasta que la vió;
Ella se encontraba apoyada en un umbral obscuro, rodeada de sombras que parecían bailar a su alrededor, hermosa, de mirada melancólica, cabellos negros y largos que dibujaban nudos celtas en su rostro, alta, delgada, vestida de negro como la noche que la rodeaba, sus labios rojos sobre un rostro blanco como la luna.
Se quedó sin aliento. Ella lo miró con mirada cómplice y extendió su mano para sujetarlo con suavidad.
El se dejó llevar.
Subieron una escalinata alta y retorcida en el interior de un patio de formas extrañas y llegaron hasta una habitación decorada con una mesa y unas sillas viejas, un sillón reclinatorio, un librero lleno de libros polvosos y varios sillones tapizados de terciopelo rojo. Sobre los estantes había varias figurillas de piedra de dioses egipcios, principalmente de anubis y en las paredes colgaban retratos de un siniestro voivoda de Valaquia famoso por su crueldad.
Ella lo sentó sobre uno de los sillones y comenzó a desvestirlo. El se dejó, fascinado como estaba por la escena. Un balcón abierto daba a la calle y desde el se podían ver las torres del Palacio Guell..."están coronadas de murcíelagos gigantes" pensó.
La muchacha empezó a besarlo entre las piernas y él cerró los ojos con placer. Las sensaciones eran intensas mientras sentía los labios de ella alrededor de su piel. Luego sintió el primer mordisco. Se asustó, dolía. La miró, ella seguía clavada bajo su cintura, sujeta con fuerza con los dientes. Mordía, succionaba, bebía la sangre que manaba a borbotones por la entrepierna destrozada de Adrian. El sintió como sus fuerzas lo abandonaban, hasta quedar completamente seco.

Hace poco estuve en Barcelona de visita, caminé de noche por las ramblas, me adentré en la callejuela del Palacio Güell y ví a las muchachas que esperaban clientes en las esquinas, pero yo paso de ello.
Hasta que la ví; Ella se encontraba apoyada en un umbral obscuro, rodeada de sombras que parecían bailar a su alrededor, hermosa, de mirada melancólica, cabellos negros y largos que dibujaban nudos celtas en su rostro, alta, delgada, vestida de negro como la noche que la rodeaba, sus labios rojos sobre un rostro blanco como la luna.
Me quedé sin aliento hasta que la reconocí: Era el difunto Adrian...

2 Comments:

At 5:58 PM, Blogger Errantus said...

Me ha gustado mucho, qué bueno que te decidiste a publicarlo.

 
At 9:14 AM, Blogger vitalis said...

es una nueva versión, la original se perdió

 

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