homunculus
He dedicado casi toda mi vida a la alquimia, gastando fortunas en libros llenos de diagramas misteriosos, complejos relatos alegóricos e imágenes de dragones, reyes, tumbas, amantes misteriosos, árboles y arcoiris; he fabricado atanores, retortas, alambiques, campanas de vidrio templado,he disuelto mercurio con azufre, plomo con ácido, antimonio con agua fuerte y realizado todos los procedimientos del arte según los métodos conocidos.
Pero no obtuve nada, de hecho, mientras más buscaba convertir el plomo en oro y obtener el elixir de la eterna juventud, más me encontraba pobre y anciano hasta que llegué a sentirme cansado y lleno de desesperación.

En esos días tuve que empezar a vender mi valiosa colección de libros para poder sobrevivir. Decidí comenzar por los mas raros y valiosos, como la edición de la"Hipnerotomachia" realizada por Aldo Manuncio, las conversaciones angélicas del Dr. John Dee editadas por Cassaubon, la edición que hizo Pierre D'Abannes a "De Oclulta philosophía" de H. Cornelius Agrippa, un manuscrito en árabe y español antiguo del Picátrix posiblemente datado en el siglo XIII, pero sobre todo, mi mayor tesoro, un extraño libro escrito en árabe y caracteres misteriosos con el título de Al-Azif, en el cual venían toda una serie de diagramas de seres extraños y las formas de invocarlos, además de fórmulas para fabricar homúnculos. Este último libro lo había descubierto por casualidad en la biblioteca de un viejo monasterio en el sur de España, donde los monjes lo tenían perdido al fondo de una vieja estantería. Al parecer alguien había intentado esconderlo en un hueco en la piedra, pero un pedazo del lomo asomaba por entre las tablas carcomidas del anaquel que lo cubríá. Convencí a los monjes de que me lo vendieran, por una suma que les significó no tener que preocuparse por sus alimentos durante un año; El libro era manuscrito, posiblemente copia y traducción de uno más antiguo que había pertenecido a Roger Baicon, segun la información que encontré, y databa del siglo XIV. Aunque me interesó mucho y lo tuve en gran aprecio, nunca utilicé las fórmulas ni las invocaciones que venían en él, porque las advertencias al principio de la obra me alarmaron.
Fué entonces cuando conocí a Johannes Mortlake.
Era un hombre alto, de hermoso rostro, mirada clara detrás de sus brillantes ojos azules; hablaba con voz profunda, con palabras arcáicas que parecían salidas de alguna obra shakespeareana, caminaba con suaves pasos majestuosos y a pesar de su larga barba blanca y el bonete que cubría su cabeza, tenía un aspecto extrañamente juvenil.
Acudió a mi casa atraído por la noticia de que pensaba vender algunos de mis adorados libros y se interesó particularmente en el Al-Azif, que, según dijo, le recordaba un extraño libro en árabe que él había poseído hacía ya mucho tiempo y que había perdido en un incendio.
Mortlake miró toda la biblioteca que poseía con ojos expertos y notó ciertos emblemas alquímicos que yo hablía mandado esculpir sobre los dinteles de las puertas. Eso llamó su atención, y comenzó a hablarme con frases de adepto, que yo respondí correctamente (no en vano llevaba mas de cuarenta años dedicado a la realización de la Obra aunque, para mi desgracia, con poco éxito).
Una vez que confirmamos mutuamente que eramos compañeros en la philosophía, accedí mostrarle mi laboratorio y las notas de mis experimentos.
Al verlos sonrió, con mirada misteriosa, y preguntó- "¿nunca utilizaste el Al-Azif?"- a lo que respondí que no, por las razones antedichas. Entonces confesó que él no había tenido éxito en la realización de la obra hasta que fué aconsejado por unas entidades de las esferas superiores que había invocado mediante métodos cabalísticos, las cuales le dijeron que fabricara un homúnculo que sirviera de ayudante en sus experimentos. A continuación, me mostró una pequeña esfera con aspecto de ámbar dorado, que inmediatamente reconocí como La Piedra Filosofal.

Mortlake accedió a copiarme los pasajes relativos a la fabricación de humúncullus del Al-Azif antes de partir con su preciado tesoro bajo el brazo.
Tardé algun tiempo en decidirme a proceder segun el libro. Las terribles advertencias al principio de la obra aún resonaban en mi alma, pero la evidencia que el misterioso visitante me había mostrado y la ambición de finalmente lograr culminar mi obra, acabaron con mi aprensión.
Procedí según lo descrito, montando un frasco mediano, llenándolo de una solución nutritiva, colocando una mezcla pútrida de diversos elementos orgánicos, calentando al fuego suave durante cuarenta días, agregando polvos de piedras preciosas, alumbre, cenizas, la clara de un huevo de reptil, y muchas otras cosas de las que no quisiera hablar.
Para mi sorpresa, al cuadragésimo primer día comenzó a formarse una diminuta forma humana en los asientos de la solución. Al principio parecía enroscada sobre si misma, como un feto, pero poco a poco fué creciendo y desenrrollándose, hasta formar una personita de aspecto adulto, extrañamente parecida a mí, pero vestida con una especie de túnica medieval.

El pequeño ser hablaba en un extraño lenguaje que yo no entendía, a base de sonidos guturales y silbidos. Tenía mirada inteligente y movimientos ágiles y graciosos. Dediqué los siguientes meses a enseñarle mi idioma y a aprender el suyo, hasta que pudimos mantener conversaciones fluídas en una mezcla de ambos.
No he hablado de la alimentación de mi pequeño homúnculus, porque al principio solamente consumía infusiones de hierbas medicinales que yo le preparaba en el mortero, pero cuando fué mas grande y comenzamos a trabajar en el alambique juntos, me comentó que él podría salir del frasco donde habitaba por algun tiempo si yo le daba una gotita de mi sangre. Como era muy incómodo acercarle los libros para que los leyera e interpretara desde dentro del frasquito, accedí.
Así, él comenzó a pasar algun tiempo fuera de su envase, y se paseaba por la habitación como un niño travieso, escondiéndose detrás de los instrumentos o jugando con los objetos que se encontraban sobre la mesa de trabajo.
Avanzábamos mientras tanto en la tarea que nos ocupaba; ya había conseguido fabricar un líquido rojizo con ciertas propiedades medicinales y estaba tratando de purificarlo para obtener un elíxir dorado. El hombrecito seguía creciendo, ahora ya era casi de la mitad del tamaño de un humano normal, y pasaba ya la mayor parte del tiempo fuera del envase de cristal que había fabricado para alojarlo. Tambien bebía más sangre, al grado de que , despues de alimentarlo, me sentía agotado por un buen rato antes de poderme poner a trabajar. Solo me reanimaba tras la ingestión de un trago del líquido medicinal antes mencionado.

Luego comenzaron las pesadillas. Sentía una opresión en el pecho, y a veces me soñaba a mí dentro del frasco, atrapado. Me levantaba debilitado y ni siquiera el elixir conseguía devolverme las fuerzas. Entonces el hombrecillo, que ya era casi de mi tamaño, hacía una pequeña insición en mi brazo y tomaba su alimento, para después ponerse a trabajar con diligencia, mientras yo lo observaba sentado desde una silla.
Una noche desperté en medio de la pesadilla y lo encontré a él apoyado sobre mi pecho, lamiendo una herida en mi muñeca que yo no recordaba haberme hecho. Aunque lo intenté, no pude moverme, y él, que se sobresaltó al principio, cuando vio mi indefensión se me quedó mirando con una sonrisa siniestra, acarició mis cabellos y dijo algo en su extraño idioma que tardé un tiempo en comprender. Luego siguió con su tarea, succionando mi sangre atraves del brazo.
Durante varios días permanecí indefenso, sin poder moverme, cayendo en profundos sueños plagados de pesadillas y despertando extremadamente débil para ver como el homúncullus chupaba mi sangre, trabajaba en el alambique, se ponía mis ropas (¡Cuánto se parecía a mi!) y me hablaba en su extraño idioma.
Un día entendí lo que decía; "tsa ugg, tsagoggua mptegg gombll araky" , "tu serás el portal por el que voy a encarnar";"umdgggi bbphomt argalaradth tsa tsa", "yo sere tu y tu seras yo"; "ptah tsagoggua babal dtrertrga gogolroth amilldarath" , "atraves de tu portal los dioses de babalon tomaran de nuevo su trono en la tierra".
Inundado de terror comprendía que había caído en la trampa. Las advertencias del libro eran ciertas. Todas las operaciones del mismo, aún las mas simples, servían tan solo para abrir portales por los que obscuras criaturas de otra dimensiones se colaban en la nuestra.
El homúnculo estaba ocupando mi lugar, me habíá utilizado. La creatura terminó de trabajar en el alambique del cual extrajo un líquido negro y espeso, de aspecto desagradable, y me obligó a beberlo. Al instante sentí como mi cuerpo se estremecía y todo a mi alrededor comenzaba a crecer (¿o yo a encogerme?); a continuación me desvanecí.
Cuando desperté, creí que me encontraba en una de mis pesadillas, porque me sentí sumergido en un extraño líquido verde en el interior de un enorme frasco. Un rostro familiar se asomó a verme y entonces me di cuenta; Ahora yo era el homúnculo y el homúnculo era yo. La substitución había terminado. Por la puerta entró caminando con familiaridad Johannes Mortlake, llevando en sus manos otro frasco similar a aquel en el que me encontraba, en el cual se agitaba un hombrecito con largas barbas y bonete.

Grité, pero tan solo obtuve de ambos una sonrisa burlona mientras cubrían el envase en que estába atrapado con un paño negro...

