wamphirya

En algun lugar de la noche, la fiera busca su alimento.

Tuesday, July 11, 2006

homunculus

He dedicado casi toda mi vida a la alquimia, gastando fortunas en libros llenos de diagramas misteriosos, complejos relatos alegóricos e imágenes de dragones, reyes, tumbas, amantes misteriosos, árboles y arcoiris; he fabricado atanores, retortas, alambiques, campanas de vidrio templado,he disuelto mercurio con azufre, plomo con ácido, antimonio con agua fuerte y realizado todos los procedimientos del arte según los métodos conocidos.

Pero no obtuve nada, de hecho, mientras más buscaba convertir el plomo en oro y obtener el elixir de la eterna juventud, más me encontraba pobre y anciano hasta que llegué a sentirme cansado y lleno de desesperación.

En esos días tuve que empezar a vender mi valiosa colección de libros para poder sobrevivir. Decidí comenzar por los mas raros y valiosos, como la edición de la"Hipnerotomachia" realizada por Aldo Manuncio, las conversaciones angélicas del Dr. John Dee editadas por Cassaubon, la edición que hizo Pierre D'Abannes a "De Oclulta philosophía" de H. Cornelius Agrippa, un manuscrito en árabe y español antiguo del Picátrix posiblemente datado en el siglo XIII, pero sobre todo, mi mayor tesoro, un extraño libro escrito en árabe y caracteres misteriosos con el título de Al-Azif, en el cual venían toda una serie de diagramas de seres extraños y las formas de invocarlos, además de fórmulas para fabricar homúnculos. Este último libro lo había descubierto por casualidad en la biblioteca de un viejo monasterio en el sur de España, donde los monjes lo tenían perdido al fondo de una vieja estantería. Al parecer alguien había intentado esconderlo en un hueco en la piedra, pero un pedazo del lomo asomaba por entre las tablas carcomidas del anaquel que lo cubríá. Convencí a los monjes de que me lo vendieran, por una suma que les significó no tener que preocuparse por sus alimentos durante un año; El libro era manuscrito, posiblemente copia y traducción de uno más antiguo que había pertenecido a Roger Baicon, segun la información que encontré, y databa del siglo XIV. Aunque me interesó mucho y lo tuve en gran aprecio, nunca utilicé las fórmulas ni las invocaciones que venían en él, porque las advertencias al principio de la obra me alarmaron.

Fué entonces cuando conocí a Johannes Mortlake.

Era un hombre alto, de hermoso rostro, mirada clara detrás de sus brillantes ojos azules; hablaba con voz profunda, con palabras arcáicas que parecían salidas de alguna obra shakespeareana, caminaba con suaves pasos majestuosos y a pesar de su larga barba blanca y el bonete que cubría su cabeza, tenía un aspecto extrañamente juvenil.

Acudió a mi casa atraído por la noticia de que pensaba vender algunos de mis adorados libros y se interesó particularmente en el Al-Azif, que, según dijo, le recordaba un extraño libro en árabe que él había poseído hacía ya mucho tiempo y que había perdido en un incendio.

Mortlake miró toda la biblioteca que poseía con ojos expertos y notó ciertos emblemas alquímicos que yo hablía mandado esculpir sobre los dinteles de las puertas. Eso llamó su atención, y comenzó a hablarme con frases de adepto, que yo respondí correctamente (no en vano llevaba mas de cuarenta años dedicado a la realización de la Obra aunque, para mi desgracia, con poco éxito).

Una vez que confirmamos mutuamente que eramos compañeros en la philosophía, accedí mostrarle mi laboratorio y las notas de mis experimentos.

Al verlos sonrió, con mirada misteriosa, y preguntó- "¿nunca utilizaste el Al-Azif?"- a lo que respondí que no, por las razones antedichas. Entonces confesó que él no había tenido éxito en la realización de la obra hasta que fué aconsejado por unas entidades de las esferas superiores que había invocado mediante métodos cabalísticos, las cuales le dijeron que fabricara un homúnculo que sirviera de ayudante en sus experimentos. A continuación, me mostró una pequeña esfera con aspecto de ámbar dorado, que inmediatamente reconocí como La Piedra Filosofal.


Mortlake accedió a copiarme los pasajes relativos a la fabricación de humúncullus del Al-Azif antes de partir con su preciado tesoro bajo el brazo.

Tardé algun tiempo en decidirme a proceder segun el libro. Las terribles advertencias al principio de la obra aún resonaban en mi alma, pero la evidencia que el misterioso visitante me había mostrado y la ambición de finalmente lograr culminar mi obra, acabaron con mi aprensión.

Procedí según lo descrito, montando un frasco mediano, llenándolo de una solución nutritiva, colocando una mezcla pútrida de diversos elementos orgánicos, calentando al fuego suave durante cuarenta días, agregando polvos de piedras preciosas, alumbre, cenizas, la clara de un huevo de reptil, y muchas otras cosas de las que no quisiera hablar.

Para mi sorpresa, al cuadragésimo primer día comenzó a formarse una diminuta forma humana en los asientos de la solución. Al principio parecía enroscada sobre si misma, como un feto, pero poco a poco fué creciendo y desenrrollándose, hasta formar una personita de aspecto adulto, extrañamente parecida a mí, pero vestida con una especie de túnica medieval.


El pequeño ser hablaba en un extraño lenguaje que yo no entendía, a base de sonidos guturales y silbidos. Tenía mirada inteligente y movimientos ágiles y graciosos. Dediqué los siguientes meses a enseñarle mi idioma y a aprender el suyo, hasta que pudimos mantener conversaciones fluídas en una mezcla de ambos.

No he hablado de la alimentación de mi pequeño homúnculus, porque al principio solamente consumía infusiones de hierbas medicinales que yo le preparaba en el mortero, pero cuando fué mas grande y comenzamos a trabajar en el alambique juntos, me comentó que él podría salir del frasco donde habitaba por algun tiempo si yo le daba una gotita de mi sangre. Como era muy incómodo acercarle los libros para que los leyera e interpretara desde dentro del frasquito, accedí.

Así, él comenzó a pasar algun tiempo fuera de su envase, y se paseaba por la habitación como un niño travieso, escondiéndose detrás de los instrumentos o jugando con los objetos que se encontraban sobre la mesa de trabajo.

Avanzábamos mientras tanto en la tarea que nos ocupaba; ya había conseguido fabricar un líquido rojizo con ciertas propiedades medicinales y estaba tratando de purificarlo para obtener un elíxir dorado. El hombrecito seguía creciendo, ahora ya era casi de la mitad del tamaño de un humano normal, y pasaba ya la mayor parte del tiempo fuera del envase de cristal que había fabricado para alojarlo. Tambien bebía más sangre, al grado de que , despues de alimentarlo, me sentía agotado por un buen rato antes de poderme poner a trabajar. Solo me reanimaba tras la ingestión de un trago del líquido medicinal antes mencionado.

Luego comenzaron las pesadillas. Sentía una opresión en el pecho, y a veces me soñaba a mí dentro del frasco, atrapado. Me levantaba debilitado y ni siquiera el elixir conseguía devolverme las fuerzas. Entonces el hombrecillo, que ya era casi de mi tamaño, hacía una pequeña insición en mi brazo y tomaba su alimento, para después ponerse a trabajar con diligencia, mientras yo lo observaba sentado desde una silla.

Una noche desperté en medio de la pesadilla y lo encontré a él apoyado sobre mi pecho, lamiendo una herida en mi muñeca que yo no recordaba haberme hecho. Aunque lo intenté, no pude moverme, y él, que se sobresaltó al principio, cuando vio mi indefensión se me quedó mirando con una sonrisa siniestra, acarició mis cabellos y dijo algo en su extraño idioma que tardé un tiempo en comprender. Luego siguió con su tarea, succionando mi sangre atraves del brazo.

Durante varios días permanecí indefenso, sin poder moverme, cayendo en profundos sueños plagados de pesadillas y despertando extremadamente débil para ver como el homúncullus chupaba mi sangre, trabajaba en el alambique, se ponía mis ropas (¡Cuánto se parecía a mi!) y me hablaba en su extraño idioma.

Un día entendí lo que decía; "tsa ugg, tsagoggua mptegg gombll araky" , "tu serás el portal por el que voy a encarnar";"umdgggi bbphomt argalaradth tsa tsa", "yo sere tu y tu seras yo"; "ptah tsagoggua babal dtrertrga gogolroth amilldarath" , "atraves de tu portal los dioses de babalon tomaran de nuevo su trono en la tierra".

Inundado de terror comprendía que había caído en la trampa. Las advertencias del libro eran ciertas. Todas las operaciones del mismo, aún las mas simples, servían tan solo para abrir portales por los que obscuras criaturas de otra dimensiones se colaban en la nuestra.

El homúnculo estaba ocupando mi lugar, me habíá utilizado. La creatura terminó de trabajar en el alambique del cual extrajo un líquido negro y espeso, de aspecto desagradable, y me obligó a beberlo. Al instante sentí como mi cuerpo se estremecía y todo a mi alrededor comenzaba a crecer (¿o yo a encogerme?); a continuación me desvanecí.

Cuando desperté, creí que me encontraba en una de mis pesadillas, porque me sentí sumergido en un extraño líquido verde en el interior de un enorme frasco. Un rostro familiar se asomó a verme y entonces me di cuenta; Ahora yo era el homúnculo y el homúnculo era yo. La substitución había terminado. Por la puerta entró caminando con familiaridad Johannes Mortlake, llevando en sus manos otro frasco similar a aquel en el que me encontraba, en el cual se agitaba un hombrecito con largas barbas y bonete.

Grité, pero tan solo obtuve de ambos una sonrisa burlona mientras cubrían el envase en que estába atrapado con un paño negro...

Monday, May 29, 2006

al final de la rambla

Adrian caminó por la calle desierta.
El barrio gótico era impresionante a esas horas de la noche, con sus callejas estrechas y sus esquinas obscuras donde se refugian de vez en cuando seres extraños realizando sólo dios sabe que turbios negocios.
Cruzó apresurando el paso, hasta salir a un amplio espacio rodeado de arcos y palmeras. La Plaza Mayor se encontraba abarrotada de gente, turistas, jóvenes juerguistas, yonkis y camellos. Adrian se tranquilizó; por un momento había sentido que lo observaban, pero ahora entre la muchedumbre se sentía seguro.
Salió a la Rambla Mayor, llena de tráfico, artistas callejeros y cafés todavía abiertos a esas horas de la noche. Caminó sin rumbo fijo hasta llegar a una esquina que llamó su atención. Como a unos cincuenta pasos se veía un edificio imponente, de altas torres coronadas con agujas y formas sinuosas. Entró a la callejuela y se aproximó a la construcción "ah, es el Palacio Güell" , pensó, y sin pensarlo siguió andando, alejándose de la Rambla mayor.
En las esquinas había chicas, buscando clientes, pero el pasó de ellas, bueno, esto es, hasta que la vió;
Ella se encontraba apoyada en un umbral obscuro, rodeada de sombras que parecían bailar a su alrededor, hermosa, de mirada melancólica, cabellos negros y largos que dibujaban nudos celtas en su rostro, alta, delgada, vestida de negro como la noche que la rodeaba, sus labios rojos sobre un rostro blanco como la luna.
Se quedó sin aliento. Ella lo miró con mirada cómplice y extendió su mano para sujetarlo con suavidad.
El se dejó llevar.
Subieron una escalinata alta y retorcida en el interior de un patio de formas extrañas y llegaron hasta una habitación decorada con una mesa y unas sillas viejas, un sillón reclinatorio, un librero lleno de libros polvosos y varios sillones tapizados de terciopelo rojo. Sobre los estantes había varias figurillas de piedra de dioses egipcios, principalmente de anubis y en las paredes colgaban retratos de un siniestro voivoda de Valaquia famoso por su crueldad.
Ella lo sentó sobre uno de los sillones y comenzó a desvestirlo. El se dejó, fascinado como estaba por la escena. Un balcón abierto daba a la calle y desde el se podían ver las torres del Palacio Guell..."están coronadas de murcíelagos gigantes" pensó.
La muchacha empezó a besarlo entre las piernas y él cerró los ojos con placer. Las sensaciones eran intensas mientras sentía los labios de ella alrededor de su piel. Luego sintió el primer mordisco. Se asustó, dolía. La miró, ella seguía clavada bajo su cintura, sujeta con fuerza con los dientes. Mordía, succionaba, bebía la sangre que manaba a borbotones por la entrepierna destrozada de Adrian. El sintió como sus fuerzas lo abandonaban, hasta quedar completamente seco.

Hace poco estuve en Barcelona de visita, caminé de noche por las ramblas, me adentré en la callejuela del Palacio Güell y ví a las muchachas que esperaban clientes en las esquinas, pero yo paso de ello.
Hasta que la ví; Ella se encontraba apoyada en un umbral obscuro, rodeada de sombras que parecían bailar a su alrededor, hermosa, de mirada melancólica, cabellos negros y largos que dibujaban nudos celtas en su rostro, alta, delgada, vestida de negro como la noche que la rodeaba, sus labios rojos sobre un rostro blanco como la luna.
Me quedé sin aliento hasta que la reconocí: Era el difunto Adrian...

Tuesday, May 02, 2006

absinth

Todo comenzó en mi última visita a Praga; paseando por la calle de los alquimistas me detuve a curiosear en una pequeña tienda de antigüedades de aspecto vetusto y desordenado. Ahí, escondida entre viejos astrolabios, retortas, alambiques y libros, encontré una hermosa botella de aspecto misterioso: Era una licorera de cristal cortado, alargada, de cuello esbelto, con bellas filigranas de plata y una etiqueta con letras desgastadas difíciles de descifrar.
Pero lo que más llamó mi atención fué el color del líquido que contenía, un color indefinible, entre verde y azul, con leves toques violáceos, ajeno a cualquier otro color que yo hubiera visto en una bebida (o para el caso en cualquier otra cosa).
Mientras estaba distraído mirando la botella, el anticuario se acercó a mí y me contó la siguiente historia:

"Hace casi quinientos años, en tiempos del Emperador Rodolfo, llegó a la ciudad un famoso mago y alquimista inglés que decía tener el poder de comunicarse con los ángeles. Rodolfo, que era aficionado al ocultismo , lo recibió gustoso en su corte y lo llenó de honores. Hicieron muchas sesiones, durante las cuales el asistente del mago conjuraba espíritus del éther mediante el uso de una extraña piedra. Un día invocaron a una deidad muy antigüa y poderosa, una diosa de tiempos antediluvianos, que tenía el poder de abrir las puertas que conducen a otros mundos; El mago la atrapó dentro de una botella de licor especialmente preparado y se la obsequió al Emperador, quien nunca tuvo el valor de abrirla.
La persona que me vendió esta botella asegura que uno de sus antepasados la hurtó de la habitación de Rodolfo el día de su muerte . La botella se quedó guardada en un armario viejo todos estos años y la familia jamás se atrevió a tocarla, hasta que el último descendiente pensó que si era tan antigua debía de valer algo, y la vendió..."

La historia me hizo gracia, y pensé que la botella en realidad debía de ser licor de absenta, tan común en la ciudad y que el anticuario me contaba todo ese cuento para vendermela más cara. De cualquier manera, como el precio era razonable y el objeto había captado ya mi curiosidad, la compré y me la llevé a casa.

Durante todo el tiempo que tardé en llegar a mi destino, la botella ocupó mi mente de una manera extrañamente obsesiva. No podía dejar de pensar en ella, y las ansias de abrirla y probar el licor que contenía eran cada vez mayores. Era como si una voz me susurrara constantemente al oído...

Finalmente en mi habitación despues del largo viaje, encendí una vela y puse la licorera sobre una pequeña mesita al lado de la ventana. Tomé una copa grande y una cuchara con agujeros y abrí la botella, que despidió al instante un aroma intenso, como de anis, regaliz o hierbas, dulzón pero con un dejo amargo. "Si, definitivamente es absenta", me dije y a continuación serví una pequeña porción en la copa, remojé en el licor un cubo de azúcar, lo puse sobre la cuchara y le prendí fuego. Mientras observaba arder las llamas verdosas, escuché un ruido al fondo de la habitación, como si alguien tocara suavemente la puerta. Me aproximé a abrirla, contrariado por la interrupción, pero al hacerlo, no encontré a nadie.
Me volví a dónde la copa ardía, y no pude evitar un grito de susto cuando vi, ahí parada junto a la mesa, a una mujer altísima, de cabello obscuro y largo, vestida con vaporosos ropajes verdes y con una diadema de esmeraldas coronándo su cabeza. Me miró con unos ojos del color más extrañó que haya visto jamás, entre azul, verdoso pero con unos tonos violáceos, y sonriendo casi sin abrir la boca dijo con voz seductora:

"Soy la guardiana de las llaves, la que abre las puertas y atraviesa los umbrales, la que no tiene nudos que la aten y camina libre entre las estrellas,soy la diosa de la vida, de la muerte y de la resurrección, aquella a la que a veces los hombres llaman Artemisia: He guiado a los mortales por las sendas de los dioses y les he regalado la visión de sus talentos mas ocultos
Yo soy la inspiración; dame algo tuyo, y compartiré contigo mi poder.."

La miré fascinado, sin comprender del todo lo que ocurría , pero sumido en un trance casi hipnótico no pude sino susurrar debilmente algunas frases inconexas. "Toma lo que quieras", creo que dije. Y ella en ese instante se acercó a mí y apretó con fuerza sus labios contra los míos, succionando mi alma con sus besos.

Luego, sujetó mi mano entre las suyas y me guió hacia la ventana, que abrió con un gesto, sin tocarla. Afuera, en lugar de la noche estrellada y los tejados de la ciudad, se encontraba un vasto océano de verdor fulgurante, poblado de seres fantásticos y de puertas, muchas puertas guardadas por criaturas con cabezas de animales, que destazaban lo que parecían ser cadáveres humanos con sus cuchillos afilados. Pasamos entre ellos, y ninguno pareció percatarse de nuestra presencia. Entonces ella me guió por los rincones más alejados del universo, ahí donde aullan sin cesar los dioses idiotas y los seres horrendos que cuidan la última puerta, que le supliqué no transpasar.

A la mañana siguiente me encontré tirado en el piso de mi habitación, todo en desorden, la botella aún sobre la mesa, la copa vacía y yo con un terrible cansancio y dolor de cabeza. A mi lado se encontraban gran cantidad de dibujos que hice en estado de frenesí y que relataban a todo color el viaje que había realizado en compañía de Artemisia.

Todo el día me quedé en la cama, y al llegar la noche, sin poder evitarlo, volví a tomar mi copa, mi cucharilla y mi botella.
Artemisia volvió a aparecer, volvió a abrir las puertas, volvimos a visitar mundos hermosos y terribles; la ciudad de Vta con sus mil pirámides y las llanuras de Arn con sus torres que tocan los cielos, y sus gentes que hablan diversos idiomas desconocidos en la tierra.

Todas las noches ocurría lo mismo, y todos los días me sentía yo cada vez mas exahusto y enfermo pero cada vez mis pinturas eran mas hermosas. Ya no salía a la calle, no comía, no visitaba a mis amigos ni hacía ninguna otra cosa que esperar a que el sol se pusiera para tomar mi botella y mi cucharilla y emprender el viaje con Artemisia.


Hasta que se terminó el licor.
Aquel día me serví alarmado la última gota del líquido mágico y esperé ansioso la llegada de la diosa, pensando que tal vez ella me diría donde conseguir más o de que otra forma podría invocarla.
Ella se presentó un poco más tarde que de costumbre, su mirada fulgurante más intensa que otros días, su sonrisa más enigmática. Me habló; "Gracias por liberarme al fin de mi encierro, amor, ahora yo te liberaré del último suspiro que te ata a la vida, pero antes, tienes derecho a saber mi verdadero nombre: aunque algunos me llaman Artemisia, y otros me dicen Isis, hubo otros aún mucho tiempo antes que me llamaron Lilith. No sólo soy la que abre todas las puertas, incluídas las del paraíso y el infierno: soy la que arrastra a los mortales por ellas. No sólo soy la diosa de la vida y de la muerte, lo soy tambien de la desesperación y del deseo, de la ausencia, del dolor, de la eterna sed y del vacío que aulla entre los mundos. No sólo soy la inspiración, tambien soy la muerte y la locura del artista, y ese, no otro, es el precio que cobro por mis servicios."

Apenas hubo dicho esta frase, cuando por la ventana abierta entraron una multitud de seres espectrales. Fantasmas verdes de tiempos pasados, algunos de ellos me resultaron vagamente conocidos, todos locos, todos sedientos; se abalanzaron sobre mi y devoraron hasta la última gota de vida que me quedaba, mientras Lilith se reía a carcajadas, sus dientes filosos asomandose entre sus bellos labios.

Encontraron mi cadáver sosteniendo aún la copa vacía entre las manos crispadas, mis pinturas tiradas por todo el cuarto , pero la botella ya no estaba sobre la mesa, había desaparecido.

Los doctores dijeron que mi muerte se debió a un envenenamiento por absenta, pero yo no estoy realmente muerto...

Floto eternamente en este mar de líquido verde, en compañía de los otros, esperando a que nuestra ama vuelva a seducir a alguien para que tome la botella, para que abra las puertas, para que nos libere por un instante y así poder saciar un poco nuestra sed....

Tuesday, April 18, 2006

la espera

Estoy mirando sus piernas debajo de la mesa donde ella posa su café, torneadas, hermosas, sus largos pies esbeltos, blancos, como los de la estatua de una diosa griega , su figura apenas insinuada por el vaporoso vestido.
Ella simula no darse cuenta y sonrie, coqueta, complaciente, amable.
Tengo, sin embargo, la extraña sensacion de que debajo de ese aspecto inocente y ajeno, ella puede oler mi deseo, y lo disfruta.
Me sonrie,de hecho, se porta amigable y seductora conmigo, no puedo creerlo.
Subimos a mi automóvil y partimos en busca de un lugar mas tranquilo: Pero ella quiere mas, nos perdemos en un portal obscuro y entonces nos entregamos a la locura. Yo al sexo puro y salvaje, y ella...
Cuando siento el primer mordisco apenas tengo tiempo de sentir miedo. Luego viene otro y otro. No es tanto como imaginaba el ataque de un vampiro sino mas bien como el de un hombre lobo. Desgarra mi carne con furia y el dolor es tan intenso que casi no lo puedo distinguir del placer.
Siento cómo devora mi vida entre sus hermosos labios erizados de filosos dientes...
Y luego nada, la obscuridad.

Ahora me doy cuenta de que aún no estoy muerto.
No siento mi cuerpo, es como una masa amorfa y húmeda esparcida por todas partes.
intento mover mi mano derecha, sólo para darme cuenta de que ésta yace a un par de metros, arrancada y ensangrentada, sobre unos matorrales
¿por que no terminó?
¿por que no yazco placidamente en sus entrañas, alimento para fieras,simples proteínas en la panza de la mujer caníbal?
no me dejes solo,¡por favor!, es terrible, regresa.
Vuelve a sumirme en tu éxtasis frenético. Inca tus dientes en lo que queda de mis carnes, roe mis huesos, alimentate de mí...
pero no me olvides.

me quedo ahi, el tiempo dilatándose al infinito y yo simplemente esperando, ¿esperando que?

De repente oigo los pasos de sus pies hermosos, armados de tacones altos. Pero oigo tambien otros pasos, mas ligeros, mas acompasados. Y me doy cuenta de que en realidad ella no me ha abandonado. Tan solo fue a buscar compañía para compartir su alimento.
Sonrío tranquilo mientras el pequeño gato comienza a devorar mis ojos.

Alguna parte de mi que no logro identificar se estremece de placer...